Se llama Ann McDonald, tiene 60 años y decidió tatuarse toda la cabeza para superar una gran depresión que sufría tras haber perdido todo el pelo en menos de tres años. Ahora, en vez de llevar pelo, tiene una calva tatuada.
Duró 12 horas, le costó 720 euros y ahora está feliz. Probó usar pelucas, pero según cuenta ella, la ponían peor: “Cada vez estaba más deprimida porque no tenían nada de pelo. Me sentía fea usando pelucas y muchas veces simplemente me acostaba en la cama y lloraba”, aseguró Ann al diario inglés The Sun
Después de mucho pelear y de probar varias formas de combatir su calvicie, encontró una foto de una mujer con toda la cabeza tatuada y ahí fue cuando decidió que ella también lo quería.
Pero hacerse el tatuaje no fue fácil. No solo por el elevado costo, sino por la zona que se estaba tatuando. “Para ser honesta, me dolió mucho. Fue muy doloroso. Pero yo resistí porque eso era lo que quería”, agrega ella.
Ahora que se puede ver al espejo y sonreír, salir a la calle orgullosa de su tatuaje e ir a trabajar y que sus compañeros de trabajo se tomen fotos con ella, no piensa en cada uno de los euros que invirtió y el medio día que pasó en una silla mientras la tatuaban la cabeza porque valieron la pena.
Tiene el respaldo de su esposo de 68 años y el de sus cinco hijos. No se preocupa por lo que la gente pueda llegar pensar, mientras esté feliz. Pue en definitiva es lo único que le importa.
Para ver el texto original en inglés publicado por The Sun, clic aquí.
Si te gustó esta publicación, no dudes en compartirla con tus amigos en Twitter o Facebook ![]()





